Entre la cuna y el legado

Dentro de la exposición de senderismo cultural que se ha inaugurado recientemente en el Cortijo de Ramón, un establecimiento de alojamiento rural en Cortijos Nuevos (Jaén), se incluye el siguiente panel, que yo he redactado, sobre Andrés de Vandelvira y su vinculación con la temática de la misma: “Raíces & Velas. Los caminos del Mar. Un paseo por el monte”.

A continuación se incluye el texto completo.

Entre la cuna y el legado.

Andrés de Vandelvira

arquitecto (Alcaraz 1505 – Jaén 1575)

En un principio parecería fuera de lugar la presencia de un arquitecto en un proyecto como éste, “Raíces & Velas. Los caminos del Mar”, aunque se trate de uno de los arquitectos más destacados de la arquitectura española de todos los tiempos, si bien, eso sí, su vida transcurriera entre el final del reinado de los Reyes Católicos y el de Felipe II, la época donde se gesta el imperio español “donde nunca se pone el sol”, plagada de personajes históricos que con su trayectoria vital acercaron y vincularon la vieja Europa con nuevos continentes y océanos, creando la primera red global de la Historia.

Pues bien, he de afirmar que su inclusión está más que justificada, atendiendo a estos cuatro caminos o etapas vitales extractados de su extensa, cual sus edificios, biografía, inabarcable dentro de este contexto.

1.De la cuna al abismo. Para empezar, Andrés de Vandelvira nació en la villa de Alcaraz, provincia de Albacete, anclada de lleno, junto con su sierra, en el territorio que posteriormente se denominaría Provincia Marítima de Segura, pero que ya por entonces enviaba su madera ríos abajo hasta Sevilla para su uso en la construcción de edificios. Con la precocidad que suele distinguir a los genios, muy pronto ejerce la maestría de las obras que contrataba asociado a su futuro suegro, Francisco de Luna, trabajando en igualdad de condiciones. Aunque llegado el momento abandonará su tierra natal, no por ello dejó de diseñar y construir edificios en Alcaraz toda su vida, pues la visitaba periódicamente, desde la portada del Alhorí de sus inicios a las torres “gemelas” del Tardón y la Trinidad de su etapa de madurez.

Entre los trabajos de su primera etapa por tierras manchegas destaca la presencia de ambos en las obras del convento de la Orden de Santiago en Uclés (Cuenca). Allí ocurrió un hecho desgraciado que debió marcar profundamente al joven Vandelvira. El 24 de marzo de 1530 se enfrentó a un juez pesquisidor que pretendía entrar en las obras del convento buscando a unos reos huidos de la cárcel de la villa. Vandelvira, cumpliendo órdenes, le negó el paso aduciendo que “el señor Prior tiene mandado que aunque venga el Emperador syn su liçençia no se abra”. El juez pesquisidor lo arrestó y lo condujo a la cárcel, y no satisfecho con ello, lo paseó por las calles de la villa para escarnio público, amordazado por lenguaraz y montado sobre un asno, con un pregonero por delante para mayor vergüenza. La humillación sufrida debió ser tal que, rápidamente abandonó Uclés y regresó a Alcaraz, aunque no duraría mucho su estancia allí.

2.Los años oscuros. La estrecha vinculación de los maestros Francisco de Luna y Andrés de Vandelvira con la Orden de Santiago les lleva en los siguientes años a trabajar intensamente entre La Mancha y la Encomienda de Segura de la Sierra, a la que pertenecían las localidades de Segura de la Sierra, Siles, Orcera, Torres de Albanchez, Génave, Villarrodrigo, Hornos, Las Vayonas, La Puerta de Segura y Benatae. Como visitadores de la orden eran los encargados de controlar las obras de edificación de las parroquias insertas en su territorio, en las que no podían intervenir las autoridades eclesiásticas, aportando trazas y controlando la ejecución y el coste de las mismas. De esta etapa cabe destacar las iglesias de Santa María del Collado, en Segura de la Sierra, Nuestra Señora de la Asunción, en Orcera y Nuestra Señora de la Asunción, en Hornos de Segura.

3.De Úbeda a la Gloria. De repente, en 1536 le llega la gran oportunidad. El Comendador de León de la Orden de Santiago y Secretario de Estado del Emperador Carlos V, don Francisco de los Cobos, le contrata, a través del deán Ortega, la ejecución de las obras de su capilla panteón en Úbeda, a partir de las trazas dadas por el maestro Diego de Siloé. La Sacra Capilla de El Salvador se convierte, tras su finalización en 1556, en su primera obra cumbre en la que deja, grabada en la piedra, su impronta de arquitecto genial. Detrás vendrán, para la misma familia Cobos-Molina, sus otras dos obras cumbres ubetenses, el Palacio de don Juan Vázquez de Molina y el Hospital de Santiago del obispo de Jaén don Diego de los Cobos, además de una extensa lista de palacios y otros panteones para las familias ilustres de Úbeda y Baeza.

Pero estas obras no podrían haber llegado a ser lo que son sin el poderío económico de la familia Cobos-Molina, comenzando por don Francisco de los Cobos. Y es que entre sus ingresos destacan los derivados de las riquezas provenientes del Nuevo Mundo. A modo de ejemplo se pueden citar sus ingresos como Secretario de los asuntos de Indias, como fundidor y marcador de todo el oro y plata encontrado en el Yucatán, que le daba derecho a percibir el 1% del metal ensayado y acuñado, o por la donación de las salinas de Nicaragua y Tierra Firme.

4.El legado en el Nuevo Mundo. En 1553 le llega a Andrés de Vandelvira la confirmación de su éxito. Es contratado como maestro mayor de las obras del obispado, con el encargo expreso de diseñar y construir la nueva catedral de Jaén. Andrés de Vandelvira deja a un lado todos los estereotipos de una catedral hasta ese momento (cabecera circular con girola en torno a la capilla mayor, planta cruciforme, nave central más alta que el resto, etc.) y propone un novedoso diseño de planta rectangular con cabecera plana, naves a la misma altura y capilla mayor accesible desde 360º, con un tratamiento arquitectónico más propio de un salón civil que de un edificio religioso. Y con el uso masivo de para la cubrición de la bóveda baída, o de vela como la llamaban los italianos por su semejanza a la vela cuadrada de un barco hinchada por el viento.

Este singular diseño no tuvo consecuentes en España, donde quedaban pocas catedrales por construir ex novo, pero sí en los nuevos territorios a cristianar del nuevo mundo, con ciudades surgidas de la nada creadas en la mesa de dibujo. Entre las catedrales americanas que adoptaron este diseño están las de México, Puebla y Mérida en el virreinato de Nueva España y las de Lima y Cuzco en el virreinato del Perú.

De este modo, las materias primas venidas de América que ayudaron a construir los más bellos edificios renacentistas españoles volvían reconvertidas en teorías arquitectónicas para la construcción de los más destacados edificios religiosos del nuevo mundo.

Melchor Madrid Pinilla

Arquitecto

Autor de “Somnium Iacob de Alonso de Vandelvira”, un ensayo novelado

sobre la vida y la obra del arquitecto Andrés de Vandelvira