Sevilla

En Sevilla se inicia la novela. Es la ciudad donde reside Alonso de Vandelvira y familia desde que hace unos años abandonara su tierra. Así la presenta Alonso al inicio del manuscrito:

Apenas el sol asolonjama ya por una rendija del horizonte, y un cielo púrpura, recortado por la negra sombra de la colina del Aljarafe, comienza a teñir los tejados de Triana y las aguas del Guadalquivir. En unos segundos, el disco solar acaba de esconderse tras el castillo de San Juan de Aznalfarache. Desde donde me encuentro, en la puerta del almacén de maderas situado junto al camino que va del arco del puente de barcas a la Puerta Real, en el extremo septentrional del Arenal, veo como poco a poco las casas, las almenas y tejas vidriadas de la iglesia de Santa Ana, los barcos amarrados en ambas orillas y todo lo que hace apenas una hora refulgía con vivos colores, comienzan ahora a palidecer y a difuminar sus contornos entre la oscuridad que lenta e inexorablemente va invadiéndolo todo. La noche está cayendo lentamente, y un día más del año de Nuestro Señor de 1595 está llegando a su fin en Sevilla, una de las más importantes urbes de la tierra.

En ese momento, Alonso está dirigiendo como aparejador las obras de la Lonja de Mercaderes (futuro Archivo de Indias), siguiendo las trazas de Juan de Herrera.