Transcripción del artículo sobre El Salvador en la revista CLIO HISTORIA

A continuación se reproduce la transcripción del texto del artículo sobre la Sacra Capilla de El Salvador aparecido en el número de diciembre de la revista CLIO HISTORIA. Se han incluido unas figuras que estaban previstas, pero que finalmente no aparecieron.

ÚBEDA

LA CAPILLA FUNERARIA DE “EL SALVADOR”
JOYA DEL RENACIMIENTO ESPAÑOL

CONSAGRADA EN 1559, “LA SACRA CAPILLA DE EL SALVADOR” FUE UNO DE LOS EDIFICIOS MÁS AMBICIOSOS DE ARQUITECTURA RELIGIOSA DEL RENACIMIENTO ESPAÑOL, DECLARADO EN 1931 MONUMENTO HISTÓRICO-ARTÍSTICO. DE LA MANO DEL ARQUITECTO MELCHOR MADRID PINILLA, NOS ADENTRAMOS EN LOS TRAZADOS Y PERFILES DE ESTA JOYA DEL RENACIMIENTO ESPAÑOL.

TEXTO: CRISTINA Mª MENÉNDEZ MALDONADO
FOTOS: GERSON A. DE SOUSA OLIVEIRA

CORRÍA EL AÑO 1525, CUANDO FRANCISCO DE LOS COBOS Y MOLINA (1477-1547), CABALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO Y SECRETARIO DE ESTADO DEL EMPERADOR CARLOS I, ENTRE OTROS MUCHOS TÍTULOS NOBILIARIOS, PAGÓ 4.000 MARAVEDÍES POR LA COMPRA DE UN TERRENO PERTENECIENTE AL HOSPITAL DE LOS HONRADOS VIEJOS DE EL SALVADOR, EN EL CUAL PODER ERIGIR SU CAPILLA FUNERARIA. Eran los primeros pasos hacia una operación urbanística que supondría la transformación de una manzana completa en el mapa de la ciudad de Úbeda.

Tal obra renacentista, declarada en 1931 monumento histórico-artístico, fue un proyecto encargado en 1536 al arquitecto y escultor Diego de Siloé (1495 – 1563), que por su implicación en otra obra de peso, “la catedral de Granada”, tuvo que ceder en 1540 su continuación a Andrés de Vandelvira (1505 – 1575), que añadiría al proyecto una magnífica sacristía, que no estaba en el proyecto inicial.

A este lugar, donde descansan los restos de Francisco de los Cobos y su esposa María de Mendoza y Sarmiento (1508- 1587), el Papa Paulo III le concedió además su permiso para establecer una cátedra de enseñanza, al modo de Bolonia, París, Salamanca o Alcalá.

Hoy, casi cinco siglos después, la Plaza de Vázquez de Molina, alberga la Sacra Capilla de El Salvador, monumental panteón, que evoca el Santo Sepulcro y que está a la altura de la arquitectura del renacimiento italiano más sobresaliente. «La capilla de El Salvador tiene de “Siloé” únicamente su trazas y condiciones. Es lo que modernamente llamaríamos un proyecto básico. Pero con esto no se podría llegar a definir ni de lejos la grandiosidad y espectacularidad del edificio. Solo con eso, El Salvador podría haber quedado como una obra secundaria de no haber contado con la labor de Vandelvira en el desarrollo de unos planos de ejecución, y en la definición, diseño y ejecución de la inmensidad de detalles arquitectónicos que quedaron indefinidos en la traza siloesca (entre ellos las bellas portadas laterales). En la fachada, las condiciones obligaban a Vandelvira a diseñarla inspirándose en la del perdón de la catedral de Granada, también de “Siloé”. Aquí termina la influencia de Siloé en El Salvador. Toda la construcción del edificio, desde los cimientos hasta la linterna de la cúpula y el chapitel bulboso de la torre se realizaron bajo la estricta dirección y continuo seguimiento de Andrés de Vandelvira. Y entre medias, a requerimiento de su promotor, hubo de realizar un profundo proyecto reformado y de ampliación, que básicamente afectó a la sacristía y el coro alto a los pies de la iglesia. La traza de El Salvador de Siloé surge del esquema proporcional, basado en la figura humana, del arquitecto italiano Francesco di Giorgio Martini, (1439 – 1502) una reinterpretación al fin y al cabo, del “homo ad circulum y homo ad cuadratum vitrubianos”. Como se demuestra en mi novela SOMNIUM IACOB, Vandelvira completa y complementa la figura humana, añadiéndole un brazo en alto, con el volumen de la sacristía.»—comenta el arquitecto Madrid Pinilla.

Dicho autor, señala además la relación entre El Salvador y otras construcciones: «Está clara la relación (y mucho se ha escrito) de la rotonda de El Salvador con las iglesias románicas y góticas centralizadas, de rotonda circular, muchas de ellas relacionadas con el Temple, inspiradas en el Santo Sepulcro de Jerusalén. Entre ellas la iglesia de la Veracruz de Segovia, donde yo pude presenciar, en un equinoccio de primavera, a una persona situada en su centro “bebiendo” de esas energías que entraban por el arco de entrada con el sol del mediodía. En ese sentido, el situarse en el centro de la rotonda “cupulada” de El Salvador produce una extraña sensación en la que puede colaborar en nuestro caso el pavimento ajedrezado en círculos concéntricos, que confunde nuestra visión (aunque este pavimento sea posterior a Vandelvira).

Y añade— .«Asímismo, hay dos construcciones que la Humanidad ha relacionado desde siempre con la muerte y el cobijo del cuerpo del fallecido: la pirámide, y la rotonda cupulada. La pirámide proviene de la acumulación de piedras sobre la tumba, en principio para dificultar su profanación, y esa acumulación de piedras va creciendo, convirtiéndose en túmulos, y luego en pirámides, y termina adquiriendo un sentido de escalera de ascensión al cielo, de conexión con los dioses, en todas las culturas. Lo mismo ocurre con las rotondas, cuyos antecedentes más primitivos pueden ser los dólmenes megalíticos de corredor y cámara, y las tumbas micénicas como la conocida como tumba de Agamenón, un paso intermedio a la cúpula mediante el vuelo sucesivo de sillares. Con el desarrollo de la técnica constructiva, las rotondas van creciendo y la cubierta se convierte finalmente en la cúpula, con un mismo sentido ascensional hacia el cielo, en este caso a través del volumen interior hueco, más aún si las cúpulas se coronan con huecos o linternas por los que entra la luz.»

Y es que, en la construcción del templo funerario, destinado a enaltecer la fortuna y fama de su impulsor, contó con artistas de primera línea. De los Cobos se granjeó además el apoyo del Deán Fernando Ortega, el cual se construyó un gran palacio a la izquierda de la fachada principal de la capilla, actual Parador de Turismo, y fue además el inspirador de gran parte del complejo programa iconográfico de la decoración de El Salvador.

ARQUITECTURA, JUEGO SIMBÓLICO

El significado simbólico que alberga la arquitectura antigua influyó de manera contundente en los arquitectos del renacimiento, que se propusieron fusionar esa herencia clásica con el cristianismo.

La planta de la Sacra Capilla de El Salvador se dibuja en una sola nave, inspirada en el modelo de basílica romana, con una rotonda en su cabecera y sus perfiles, geometría, evocan el Santo Sepulcro de Jerusalén. «En mi novela Somnium Iacob hay una interpretación novelada sobre la relación topográfica, urbanística y edificatoria entre la Úbeda renacentista y la Jerusalén terrenal, basada en mi conocimiento directo de ambas ciudades. No obstante, son pocas las referencias de una relación entre Úbeda y Jerusalén en la Historiografía.»—comenta Madrid Pinilla.

La fachada principal fue diseñada y construida por Andrés de Vandelvira en 1540, a semejanza “aunque en algo se diferencie” de la Puerta del Perdón que Siloé estaba construyendo en el crucero de la Catedral de Granada, tal y como se comprometió en su contrato.

Por su parte el escultor Esteban Jamete (1515-1565), fue el artífice de la imaginería de la portada, que muestra, a la ciudad entera, la misma imagen de la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, que descansa en el altar Mayor en el interior del Templo, además de toda una serie de imágenes mitológicas como centauros, sirenas aladas junto con Hércules, Gerión y los escudos de Francisco de los Cobos y su esposa en los contrafuertes. Las dos portadas laterales, que el Deán Fernando Ortega decoró a su gusto (según contrato firmado con anterioridad en el que así se especificaba), pone de relieve, para el historiador del Arte Joaquín Montes Bardo la preeminencia de las creencias cristianas, frente a las musulmanas y judías, bajo los auspicios de la Orden de Santiago, a la que perteneció Francisco de los Cobos.

En el libro «La Sacra Capilla de El Salvador. Arte, mentalidad y culto» de este historiador, el experto indica la repercusión teológica y artística de esta construcción, que Francisco de los Cobos levantó en honor al altísimo como templo expiatorio, obligando a los capellanes en el día de Difuntos a decir misa de réquiem por él. «En la España del siglo XVI la capilla de El Salvador que Francisco de los Cobos mandó construir tuvo como finalidad la de que rezasen por él y fue erigida como muestra de orgullo a su trayectoria humana (política, social, económica…)»—comenta Montes Bardo.

No en vano, Francisco de los Cobos, secretario de Estado del emperador Carlos I, erigió este edificio como panteón aledaño a su palacio, situado en la Plaza Vázquez de Molina.

EL RETABLO DE LA TRANSFIGURACIÓN

La nave posee tres capillas diseñadas con arcos de medio punto y columnas corintias, procurándole al lugar una gran sonoridad.

En el altar mayor descansa la “transfiguración de Jesús en el monte Tabor”, un retablo que realizó Alonso de Berruguete por encargo de María de Mendoza en 1559. El sentido bíblico de esta talla remite al observador a lo ocurrido poco antes de la Pasión de Jesucristo. Tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan contemplan a Jesús y su divinidad, proclamada por el Padre envuelto en luz. Así mismo, comparten escena Moisés y Elías, figuras del Antiguo Testamento en representación de la Ley y los Profetas respectivamente.

El retablo de la Transfiguración fue casi completamente destruido durante la Guerra Civil (1936-1939) y solo se salvó la figura de Cristo. El escultor Juan Luis Vasallo (1908-1986), reconstruyó las figuras dañadas.

LA SACRISTÍA

La sacristía actual de la capilla de El Salvador no estaba prevista en el contrato firmado por Diego de Siloé en 1536, sin embargo, fue Andrés de Vandelvira quien la construyó, por considerar que, el espacio cuadrangular del arco que une la capilla Mayor con la nave, era demasiado reducido para un lugar tan importante.

«La traza de Siloé, basada en el dibujo de Giorgio Martini, es tan perfecta en su forma y diseño, nave con capillas laterales, arco toral con sagrario y sacristía en los dos cubos laterales, y rotonda, con una perfecta y rígida simetría, que olvida las verdaderas necesidades funcionales del promotor. Éstas eran, una sacristía angosta y coro diminuto en sendos arcos superiores sobre esas dos capillas, que impiden el correcto funcionamiento de la capilla y el coro para los cultos, y cuya metáfora es el propio hombre dibujado por Giorgio Martini, un esclavo con las manos atadas a la espalda. Vandelvira se ve obligado a realizar una sacristía y coro más grandes y para ello desata las ataduras del hombre, y le permite levantar un brazo, sí, rompiendo la rígida simetría, pero permitiéndole moverse con libertad, facilitando el correcto funcionamiento de la capilla. »—comenta el arquitecto Madrid Pinilla.

El compromiso adquirido por Vandelvira le llevó a idear una sacristía con un original acceso en esquina y un diseño arquitectónico en el que la figura humana ocupa un lugar primordial, teniendo el precedente de la sacristía de las Cabezas de la Catedral de Sigüenza (Covarrubias 1532). La sacristía acoge una gran cantidad de esculturas que no solo sustentan y soportan sino que también recogen todo un juego simbólico, escogido por el Deán Ortega y llevado a cabo por Esteban Jamete. Así encontramos atlantes, cariátides, ángeles apocalípticos, sibilas y miembros de la familia de Los Cobos. En la portada de acceso, “la visión de Augusto” según la cual Octavio Augusto tras la Paz romana vio en los cielos la señal de la venida de Jesús.

En SOMNIUM IACOB la sacristía es definida como el “Edificio de la Ciudad de Dios con trazas de San Agustín”. Allí vemos representada en un sentido ascendente la historia espiritual y religiosa de Occidente siguiendo el libro del santo obispo de Hipona. Este libro se divide en 22 libros o capítulos, en los que hace un recorrido histórico y cronológico citando a todos los personajes identificados en la sacristía, y otros muchos más, desde la decadencia del imperio romano y el paganismo, representada por los dioses y héroes romanos en los medallones inferiores (Neptuno y Venus, Mercurio y Minerva, Hércules y Hebe, Diana y Vulcano), hasta las sibilas que predijeron los principales hechos de la presencia terrena de Jesucristo y los ángeles del Apocalipsis que vaticinan el juicio final, para finalizar con el infierno (representado por los emparedados en vida, con un brazo fuera del muro, símbolo de uno de los más crueles castigos humanos) y el cielo (simbolizado por la bóveda trinitaria que cierra la sacristía, decorada con las palmas de los santos que acompañan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo).

Y entre medias, las columnas antropomorfas magistralmente talladas en bulto redondo por Jamete de los sabios y reyes de la antigüedad, atados de manos y pies, con actitudes lastimeras, cumpliendo lo que dice el Antiguo Testamento: “se rendirán ante Ti Señor, todos los reyes de la tierra”. Entre ellos cabe destacar al sabio Salomón, Zoroastro e Isis.

ANDRÉS DE VANDELVIRA

Pero ¿qué sabemos del constructor de esta proeza renacentista? Andrés de Vandelvira (1505-1575), natural de Alcaráz (Albacete) fue un arquitecto renacentista español con una extensa obra construida de gran calidad arquitectónica. En 1536 se hizo cargo de la construcción de la iglesia de El Salvador, siguiendo la traza y condiciones de Diego de Siloé. También es suyo el Hospital de Santiago, encargo del obispo Diego de los Cobos, actual palacio de congresos ubetense, y su obra cumbre, “la catedral de Jaén”, iniciada a partir del año 1553, aunque no llegó a terminarse hasta el siglo XVIII con el diseño planteado por el arquitecto.

Todas estas obras y muchas más le hicieron ganar a Vandelvira la fama que pervive aún hoy. Su reconocimiento de la arquitectura de Vitruvio orientó sus trazados y su dominio del corte de la piedra, heredado del gótico, cincelaron la concepción innovadora de sus construcciones. «Vitruvio es el modelo de referencia de todos los arquitectos renacentistas, pero el texto original carecía de ilustraciones (debía tenerlos pero no se conservaron), por lo que para su correcta interpretación hubo que completarlo con el estudio sistemático de las ruinas romanas», comenta Melchor Madrid. Y añade «Los inicios de Vandelvira, que nunca estuvo en Italia, hay que vincularlos, de la mano de su futuro suegro, Francisco de Luna, bajo el prisma de Sagredo y el gótico tardío. A partir de su llegada a Úbeda comienzan los contactos con Diego Siloé, que le aporta la primera visión clara de la arquitectura renacentista italiana, con grandes influencias de Brunelleschi. Es en Úbeda, con el contacto y el patrocinio de Francisco de los Cobos, cuando conoce otros tratados italianos que le influyeron grandemente, principalmente Serlio, pero también Filarete, Francesco di Giorgio Martini, y aunque no es exactamente un tratado de arquitectura, la Hypnerotomachia Poliphili de Francesco Colonna. Posteriormente, con su traslado a Jaén entra en contacto con Pedro Machuca, que le aporta una nueva visión de la arquitectura, más cercana a los postulados de Miguel Ángel y Giulio Romano. Para terminar, su última gran obra, desnuda de la ornamentación que tanto utilizó anteriormente, entra de pleno en el estilo clasicista Herreriano, a pesar de la estricta coetaneidad del Hospital de Santiago con El Escorial».
«Asímismo -prosigue Madrid Pinilla- de la lectura de sus edificios se desprende un Andrés de Vandelvira experto en geometría (como demuestra el tratado de su hijo Alonso), óptica (aplicada profusamente con la perspectiva naturalis), aritmética (muy necesaria sobre todo en las proporciones arquitectónicas), astronomía (para el trazado de relojes de sol en una mesa de dibujo) y astrología (visible en la decoración de varios de sus edificios como el Salvador y el hospital de Santiago). En cuanto al dibujo, aunque se conservan pocos dibujos originales suyos, es claro su dominio, imprescindible para una arquitectura tan bella y perfecta en sus dimensiones y detalles arquitectónicos singulares».

No en vano, en todas sus obras Vandelvira deja la impronta de su firma arquitectónica, tal y como nos explica Madrid Pinilla, consistente en el fuste estriado de las columnas con los bastones del tercio inferior rematados a diferente altura.

Y es que son muchos los arquitectos, historiadores, expertos a lo largo de la historia se han sentido profundamente atraídos por este magnífico panteón, que destaca por su maestría arquitectónica, su riqueza escultórica y el complejo simbolismo que se respira en todas sus piedras.

HERMETISMO EN LA SACRA CAPILLA DE EL SALVADOR

Según el arquitecto Melchor Madrid Pinilla, la Sacra Capilla de El Salvador cuenta con la presencia de elementos más o menos relacionados con la hermética: «En la sacristía están Zoroastro e Isis (instruida por Hermes Trimegisto). También podría hablarse del uso de jeroglíficos egipcios en la decoración: El más claro, que se puede ver en algunos capiteles de la sacristía y sosteniendo el escudo de Cobos en la reja que separa la nave de la rotonda, es el de los elefantes sin colmillos».

¿SABÍAS QUE…

…en febrero de 2009 la periodista y escritora Charlotte Rørth, en un viaje que hizo a Úbeda permaneció de largo rato en la sacristía de la Capilla de El Salvador, contemplando el simbolismo escultórico de cariátides, sibilas y tuvo, sin esperarlo, una visión holográfica de Jesús, el cual transitaba un camino de tierra?

Charlotte describió a Cristo: «Llevaba una túnica hasta las rodillas, melena suelta a la altura de los hombros, rojiza y ondulada, barba casi del mismo color, delgado, de manos finas y fibrosas. Ojos verdes y grises, con pinceladas de azul, llenos de cordialidad». Aunque no entendió sus palabras, pues hablaba en arameo, comprendió mentalmente su mensaje: «Bienvenida, me alegro de verte».